jueves, 31 de marzo de 2016

El espíritu de Domingo Pérez Minik

Su nombre era Domingo Juan Pérez Hernández. Nació en Santa Cruz de Tenerife, siendo hijo de una familia de pequeños burgueses. Su nombre real no nos diría mucho a los naturales de las islas, pero todo cambia cuando les digo que les estoy hablando de don Domingo Pérez Minik. Minik fue el seudónimo sacado de su primer nombre y que comenzó a utilizar cuando publicó sus primeros artículos. Con el tiempo, acabaría legalizando su apellido como tal... y es que todo el mundo lo conocía por Minik. 


Don Domingo siempre estuvo en contacto con la cultura anglosajona, puesto que su familia cosechaba tomates y plátanos que exportaban a Inglaterra, pero por encima de todo siempre se sintió muy canario... y chicharero, gentilicio propio de los habitantes de Santa Cruz y es que, a pesar de pasar tiempo en otras latitudes, las islas siempre le tiraron mucho. En palabra de muchos, Minik era una de las personalidades más vigorosas de la intelectualidad de Santa Cruz y las Islas Canarias.
Tras haber estudiado en la Salle, don Domingo iniciaría su actividad periodística en "La Gaceta de Tenerife" y la revista "Hespérides", comenzando a utilizar el mencionado seudónimo de Minik que nunca le abandonaria. Don Domingo, republicano convencido, siempre abogó por una renovación profunda de la cultura en España, siendo uno de los firmantes del manifiesto surrealista de Tenerife en el año 1935 con motivo de la visita de los poetas franceses André Breton y Benjamin Peret. 

Pedro García Cabrera, Minik, Agustín Espinosa, Jacqueline Breton y Benjamin Peret

Minik, miembro del PSOE, estuvo encarcelado durante un tiempo, tras la guerra, pero acabo saliendo debido a un forzado y duro silencio. Sin embargo, le costó recuperar su antiguo estatus social, algo que con tesón consiguió gracias a su labor teatral con el grupo "Pajaritas de papel", pero sobre todo en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife. 


Don Domingo publicó en diversas publicaciones, ya fueran revistas como "Triunfo" o "Cuadernos para el Dialogo" o periódicos como "El Día" o "La Tarde". Pero sí algo consiguió Minik fue ganarse el respeto de sus conciudadanos como hombre culto y profundo conocedor de la cultura tanto canario como chicharrera. Más de un saludo recibió el viejo y siempre querido Minik por parte de personas, conocidas o no, en muchos de sus múltiples paseos por aquella Santa Cruz, que siempre llevó en el corazón. Así lo relataba el filólogo e historiador de origen rumano, aunque afincado en la propia Santa Cruz, Alejandro Cioranescu: "Parece jubiloso con el tiempo pasado. Las aristas agudas de su cara se perfilan más y más. Hasta que acusan todos los surcos del entrecejo, que parece irradiar sonrisas múltiples. Sus ojos de acero, siempre alertas. Y la cabeza, con su amplia y profusa cabellera blanca, mantenida alta con una cierta gracia de adolescente". 


Minik murió en 1989 y ya en ese entonces veía que aquella Santa Cruz había perdido parte de su ser; la cultura, la limpieza de sus calles e incluso su antiguo esplendor parecía haberse desvanecido por culpa de unos políticos más pendientes de su futuro que del futuro de su ciudad. Sin embargo, el espíritu de Minik aún pedurá y debemos ser nosotros los que cojamos el testigo como orgullosos amantes de la cultura y las Islas Canarias.

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