sábado, 16 de enero de 2016

¡Limpieza de sangre!

Durante los años de la Inquisición, había que tener mucho cuidado de enemistarte con alguien o se diera pábulo a determinados rumores contra tu persona, puesto que podías ser víctima de algo en lo que el Santo Oficio hizo bastante hincapié (sobre todo en España) que no era otra cosa que las denuncias por limpieza de sangre. 


La idea era la denuncia a una persona, la cual era descendientes de judíos o cristianos, a los que se acusaba de seguir practicando las creencias de sus antepasados, no siguiendo, por tanto, los ritos cristianos, llamandoseles de forma vulgar marranos y moriscos en el caso de los judíos y musulmanes respectivamente. Esto que viene de la Edad Media, fue puesto bajo unos estatutos que alentaban a que todos los "Cristianos de bien" denunciaran al que supuestamente vieran practicando alguna religión que no fuera la cristiana o tuviera actitudes "extrañas" respecto a la Fe verdadera. El Papado fue inicialmente reacio, ya que los mencionados estatutos de limpieza de sangre presuponían que ni el bautismo lavaba los pecados de los individuos, algo contrario a la doctrina tradicional de la Iglesia. 


Lo cierto es que, a partir de las denuncias verdaderas o falsas, surgió un concepto que se conoció como el de Cristiano Nuevo y Cristiano Viejo. Un Cristiano Viejo era aquel cuya familia había sido probadamente católica desde siempre, quedándose fuera de cualquier aseveración contraria a su persona, mientras un Cristiano Viejo era aquel descendiente de musulmán o judío, cuyos antepasados se habían convertido al catolicismo. Los descendientes de estos últimos quedaban "marcados", ya que siempre eran sospechosos de cualquier supuesta practica, que no siguiera los ritos cristianos. Así muchos, generalmente descendientes de judíos provenientes de Portugal o Andalucia, intentaron en muchos casos "crearse" una especie de origen familiar ficticio que les "limpiara" la sangre y estar libres de sospechas fundadas o infundadas. Cabe decir que el que tenía dinero era el único capaz de conseguir tal cosa. También eran Cristianos Nuevos aquellos descendientes de pobladores del nuevo Continente, que se habían convertido al catolicismo, tras la llegada de los europeos.

 
Sí en países protestantes o anglicanos su obsesión fueron las brujas o los católicos, para el Catolicismo, especialmente español, lo serían las supuestas practicas judaizantes o musulmanas llevadas a cabo por una parte de la población, que se les vio crudas para demostrar su limpieza de sangre.

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