jueves, 5 de noviembre de 2015

El revolucionario católico

Mucho se habla de Guy Fawkes como una especie de símbolo de nosequé revolución libertaria, promocionando a lo que algunos llaman anarquismo posmoderno (de moderno tiene más bien poco para mi humilde entender) gracias a una careta, supuestamente basada en sus ragos faciales, utilizada en cierto cómic y popularizada por determinada película al que el extremismo de izquierdas ensalza cada dos por tres. Sin embargo, ese hombre, Guy Fawkes, no era más que un peón dentro de una conspiración que no iba destinada precisamente a acabar con el "sistema establecido" (al menos no como lo entienden algunos), sino a restaurar el catolicismo en Inglaterra. 


Primero, un poco de contexto histórico. Cabe destacar que en Inglaterra el catolicismo fue especialmente perseguido, tras la separación con la Iglesia Romana, aunque muchos ingleses siguieron siendo obedientes al Papa. Estos eran los católicos secretos como los llama Cervantes en una de sus novelas ejemplares "La Española Inglesa", mientras los anglicanos los llamaban "Papistas" (sobran las explicaciones de por qué) de forma burlona.
Lo cierto es que algunos católicos decidieron coger el toro por los cuernos, por lo que la idea para acabar con el anglicanismo, restaurando por lo tanto el catolicismo, era volar el Palacio de Westminster (el Parlamento) con explosivos situados debajo de la Cámara de los Lores y asesinar al rey Jacobo I, a sus familiares y los Lores. 

 
 
Esta conspiración que iba a tener lugar durante la Apertura de Estado (en 5 de Noviembre de 1605) pasó a la historia como la de la polvora y el encargado de ponerla era Fawkes, que era un mercenario católico, que había luchado en Flandes. Sin embargo, algo salio mal. Días antes, uno de los lores recibo una misiva advirtiéndole que no se acercara por Westminster, algo que le comunicó al Rey Jacobo. Así, previendo algo muy gordo, rastrearon por todo el edificio, encontrando debajo del Parlamento a Fawkes, que admitió ser complice de una conspiración, aunque si por algo fue conocido, sería por,  no decir los nombres del resto, salvo de los que ya se sabía algo o estaban muertos. Siempre bajo tortura. 


Fue condenado a la horca, aunque en el último momento, Fawkes saltó de la escalera, rompiéndose el cuello y evitando así la última parte de la ejecución reservados para los traidores. Y todo continuó igual: Inglaterra nunca obedeció al Papa y los católicos fueron reprimidos duramente, sobre todo tras aquella conspiración de la pólvora.

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