viernes, 20 de noviembre de 2015

El hombre-pez de Liérnages

Cuando era un niño, en el colegio, supe de esta sorprendente historia, supuestamente acaecida en Liérnages, pueblo que se encuentra en las verdes tierras de Cantabria. Esta historia, transmitida oralmente en su inicio, acabaría por ponerse por escrito por el político cantabro José María Herranz, natural de la misma Liérnages, el cual habría oído esta historia desde su más tierna infancia.


Cuentan que a mediados del siglo XVII en el pueblo de Liérganes, en La Montaña cántabra había una pareja, Francisco de la Vega y María de Casar, los cuales tenían cuatro hijos. Cuando Francisco falleció, la viuda mandó a uno de sus hijos, también llamado Francisco, a Bilbao a aprender el oficio de carpintero.
Un día, cuando ya se encontraba en Bilbao, Francisco se fue a nadar con unos amigos, pero fue llevado por la corriente y desapareció sin dejar rastro, dándosele por muerto. 
Cinco años después, en Cádiz, unos pescadores afirmaron ver un ser acuático, pero cuya apariencia era humana. Esta aparición se repitió habitualmente hasta que un día atraparon a la criatura con unas redes. Una vez capturado, la sorpresa de los hombres fue tremenda cuando comprobaron que se trataba de un hombre, con escamas y forma de pez.


Ese misterioso ser fue llevado al convento de San Francisco donde fue interrogado para saber qué era. Sólo consiguió tartamudear una palabra de forma llamativamente insistente: "Liérganes". Nadie sabía que significaba, hasta que una persona de origen cántabro, que estaba trabajando en Cádiz, comentó que en la Montaña cántabra había un pueblo que se llamaba así. 
La noticia llegó a Liérganes donde se intentó averiguar si había pasado algo extraño en años anteriores, constatandose que la misteriosa criatura era aquel Francisco de la Vega, del que se creía había muerto en Bilbao. Su propia madre lo reconoció como su hijo.


Ya en casa, Francisco vivió tranquilo sin mostrar interés por nada. Iba descalzo y a veces desnudo y no hablaba apenas. Se cuenta que a veces estaba días sin comer. Después de nueve años, desapareció sin volver a saberse nada de él. Puede que Francisco, aquel hombre-pez de Liérnages, que nunca se adaptó a la vida terrestre, quisiera volver a su lugar natural: el mar.

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