sábado, 26 de septiembre de 2015

Un rebelde llamado James Dean

Habían pasado varios años desde la Guerra Mundial y muchisimos desde aquellos locos años 20 y la juventud de esos años 50 parecía necesitar referentes culturales y artísticos que le sacara de unos años de intenso letargo en los que la guerra fría parecía haber destruido todas las ilusiones. En medio de todo esto, llego al cine un joven que supo encarnar ese aire de rebeldía de una juventud frustrada y en muchos caos inadaptada a la época que le toco vivir. James Dean significo algo mucho más que un simple actor para muchos. 


Dean representó un soplo de aire fresco en  1955. Ese año estreno "Al Este del Edén" y la película que lo convertiría en mito "Rebelde sin Causa". Dean era precisamente eso; un rebelde sin causa que estaba cansado de una sociedad excesivamente temerosa de lo que pudiera suceder en aquellos duros años de guerra fría donde las normas parecían haberse vuelto rígidas, incluso en la relación entre padres e hijos. 


En "Gigante" no haría más que cimentar una leyenda que le hizo fama de ser un tipo duro; un hombre que no se conformaba con lo que tenía; quería más. Quería el éxito rotundo. Sólo tenía 24 años y quería comerse el mundo. 


Un hombre como ese no vio el estreno de "Gigante". Dean falleció en un accidente de coche. La sociedad de aquellos años se conmovió por una tragedia en la que un joven como Dean pasó de la categoría de mito viviente a leyenda por parte de muchos jóvenes que lo convirtieron en todo un símbolo. 

 

Un símbolo de rebeldía frente a la autoridad en aquellos años. Ya nada sería lo mismo con su muerte para muchos de aquellos jóvenes que soñaban con ser como él. James Dean, aquel rebelde sin causa, que había alcanzado la fama gracias a tan solo tres películas, alcanzó la inmortalidad.

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