lunes, 29 de junio de 2015

Todo empezó en Olimpia

Al pie del monte Cronio y en el lado derecho del río Alfeo se encontraba una ciudad. Puede que no fuera conocida por nada... salvo por una cosa. Allí se disputaban una serie de disciplinas deportivas, que se celebraban cada cuatro años; allí se disputaban los Juegos Olímpicos. 


La primera edición de la que tenemos constancia es del 776 a. C., celebrándose hasta el 393 d. C. Durante el tiempo que se disputaban los juegos se promulgaba una tregua (conocida también como Paz Olímpica) para permitir a los atletas viajar en condiciones de seguridad desde sus ciudades-estados o polis hasta Olimpia. Sólo podían participar hombres libres que hablaran griego. 


La idea de la celebración de los juegos tuvieron muchos motivos que se tomarían como ejemplo para años muy posteriores: glorificación a los Dioses mediante el entrenamiento físico; contribución al desarrollo tanto del cuerpo como del Alma; establecimiento de la amistad entre pueblos y ciudades y búsqueda de la unidad de los Helenos. Podemos decir que los Juegos Olímpicos, en cierta medida, fueron lo más parecido a la impensable unidad de las diferentes polis griegas.  Existían diferentes modalidades como la lucha, las carreras de carros, el pentatlón e incluso el pugilato, el embrión de lo que sería el boxeo. 


Aún hoy podemos contemplar vasijas de cerámicas en las que vemos a hombres corriendo o peleando, provenientes de lo que serían unos juegos tan importantes que sólo eran comparables a los Juegos Píticos que se celebraban en Delfos. 


Durante su historia, Olimpia paso por manos de Alejandro Magno y de Roma (enriqueciéndose durante aquellos años), pero tras la muerte del Emperador Adriano la ciudad acabaria por entrar en una decadencia tan fuerte hasta el punto de que se dejaron de celebrar los juegos. Las invasiones bárbaras la asolaron, poniendo la puntilla a una ciudad que se convirtió en una simple aldea para posteriormente ser abandonada y enterrada por los aluviones del río Alfeo. Sin embargo, la llama de lo que habían sido los juegos seguía estando muy presente. 


En el siglo XIX, el historiador francés y barón, Pierre de Coubertin era un gran defensor de los valores que promueve el deporte como la solidaridad y compromiso, aparte de la posibilidad de hermanamiento con el adversario. Olimpia, que estaba siendo desenterrada durante aquellos años, sería el ejemplo perfecto para su teoría. 

Pierre de Coubertin

Coubertin comienza a soñar con unir en una gran competición a los deportistas de todo el mundo, bajo el signo de la unión y la hermandad, sin ánimo de lucro y sólo por el placer de competir; de alcanzar la Gloria, La idea de Pierre chocó con la incomprensión de muchos y para convencer tuvo que viajar por el mundo hablando de Paz, comprensión y de unión entre los hombres, mezclándolo con la palabra Deporte. Finalmente, en la última sesión del Congreso Internacional de Educación Física que se celebró en la Sorbona de París, el 26 de Junio de 1894, se decidió instituir los Juegos Olímpicos de la etapa moderna, celebrandose el año 1896 en Atenas, ciudad propuesta por Demetrius Vikelas, que sería el primer Presidente del Comite Olímpico Internacional (Coubertin sería el segundo).


Los Juegos volvían a la que de alguna forma, a pesar del tiempo, siempre fue su casa (Grecia) y así queda reflejado cuando cada cuatro años se enciende la llama olímpica, que, transportándose en una antorcha, parte de Olimpia para recorrer todo el mundo hasta llegar a la sede donde se celebren los juegos.  Por eso es bueno conocer la historia; porque todo que se realice actualmente tiene una base o un comienzo; todo empezó en algún sitio... y Olimpia fue el inicio de algo muy grande.

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