sábado, 20 de junio de 2015

"Quien se fue a Sevilla, perdió su silla"

Este dicho es uno de los más conocidos por los hispanohablantes, significando la perdida de privilegios sobre una propiedad por el hecho de haberla abandonado de forma momentánea, aprovechándose un individuo de dicha situación. Esto puede ser aplicado a múltiples situaciones, pero lo más curioso del caso es que este dicho tan utilizado en la vida corriente, tuvo su origen en un caso muy curioso. 


El hecho histórico en cuestión tuvo lugar durante el reinado de Enrique IV, Rey de Castilla, y deriva del enfrentamiento entre dos Arzobispos, Alonso de Fonseca "el Viejo" y Alonso de Fonseca "el Mozo", tío y sobrino, respectivamente.

Enrique IV de Castilla

En 1460 fue nombrado Arzobispo de Santiago de Compostela un sobrino de don Alonso de Fonseca, Arzobispo de Sevilla. El Reino de Galicia se hallaba revuelto por luchas internas por lo que el sobrino pidió ayuda a su tío para tomar posesión de la sede episcopal, mientras él se quedaba en el Arzobispado del tío, en la capital hispalense
Don Alonso de Fonseca, un hombre con cierta capacidad de dialogo, consiguió restablecer la Paz en la zona y en el propio arzobispado de Santiago. Cuando volvió a Sevilla se encontró con una desagradable sorpresa.  Su sobrino sobrino se negó a devolverle la silla arzobispal hispalense.


El enfrentamiento entre tío y sobrino creó un gran revuelo, teniendose que recurrir a un mandato papal, a la intervención del propio Rey y al ahorcamiento de algunos de los partidarios del sobrino usurpador. De este hecho se tomo la expresión "Quien se fue de Sevilla, perdió su silla", cambiándose de la preposición "de" a "a" (desconozco el motivo), acabando por convertirse en uno de los muchos dichos que, como todos, se pueden aplicar a una situación de la vida cotidiana.

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