miércoles, 24 de junio de 2015

La científica Hipatia

Que una mujer es tan valida como un hombre en cualquier campo, es una obviedad. Sin embargo, a lo largo de la historia, muchas mujeres han caído bajo el yugo de años de represión en la que el hombre era el que llevaba la voz cantante en muchos ámbitos de la sociedad.


No obstante, hubo mujeres que en aquellos años de oscurantismo, asociado muchas veces a la religión, consiguieron abrirse paso. Y ahí es donde entra una mujer nacida en Alejandría a mediados del Siglo II. Esa mujer fue Hipatia.
Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia destacó por su gran inteligencia, siendo considerada como la primera mujer matemática de la que se tiene constancia, escribiendo sobre geometría, álgebra y astronomía. Precisamente, Hipatia mejoró el diseño de los primitivos astrolabios, que son instrumentos que determinan la posición de las estrellas, algo fundamental para navegar por el mar y determinar el rumbo seguido. Hipatia fue tan inteligente y concisa en sus estudios que muchos aseguran que algunos escritos atribuidos a su padre, fueron escritos por ella.


Lo cierto es que llegó a tener discípulos y su vida ascética no era bien visto por la sociedad de su época, muy influenciada por los Sacerdotes cristianos que se afanaban en combatir todo acto que pudiera ser considerado pagano. Ahí entra Hipatia, ya que muchas de sus investigaciones no eran del agrado de la curia, considerando, además, que la propia Hipatia era pagana.


La mujer entregada a la ciencia, aquella que lo dio todo por encontrar la verdad científica, acabó siendo traicionada, arrastrada desde su casa al Cesáreo, Templo edificado por Augusto, donde tras desnudarla, la apedrearon y descuartizaron.


Esa acción es considerada clave para entender el fanatismo religioso de una época en el que un Cristianismo dividido por muchos frentes dogmáticas, intentaba parar todo lo que tuviera marchamo de paganismo.


Sin embargo, a pesar de todo, Hipatia perduró en la historia; una mujer que demostró que la ciencia no era patrimonio de un sexo concreto, sino de todo aquel que quisiera buscar la verdad. Una mujer que defendió su derecho a encontrar la verdad, haciendo suya su propia frase: "Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar"

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