viernes, 29 de mayo de 2015

Un cantador como la copa de un pino

De entre todos los grandes del folclore canario, no podemos dejar de mencionar a uno de sus más grandes hijos. Un hombre que se nos fue hace unos cuantos años y que, sin embargo, su figura es inmortal para la música canario. Y es que Dacio Ferrera era mucho Dacio Ferrera.


De Dacio no destacaría otra cosa que su enorme voz, con un timbre asombroso, en la que confluyen la emoción por un sentimiento más allá de todo lo racional: un sentimiento por la tierra amada que son nuestras queridas Islas Canarias. 
Dacio participó en muchos grupos, pero sí hay uno de los que destacó sobremanera sería en los Sabandeños, un grupo que supo hacer de lo canario algo de lo que sentirse orgulloso cuando todavía vivíamos en pleno franquismo donde practicamente todo lo regional quedaba relegado de la "oficialidad". Ese grupo de hombres, entre los que se encontraba el gran Dacio supo hacer del folclore canario toda una seña cultural por encima de personalismos políticos o de otra índole para decirle al adormecido pueblo canario que tenía y debía estar orgulloso de haber nacido en una bella tierra. 


Dacio no sólo destaco como solista en los Sabandeños, sino que  perteneció al orfeón La Paz y a la rondalla Hespérides de San Cristóbal de la Laguna, así como a la Masa Coral Tinerfeña y al cuarteto Acaymo. Su última colaboración con Parranda de Cantadores no hizo otra cosa que acrecentar la leyenda del gran Dacio. 


La enfermedad iría erosionado su vida hasta el punto de su fallecimiento en 2007. Dicen que los hombres cuando nos vamos, sólo dejamos lo que hemos sido. Y en el caso de Dacio podemos decir que nos dejo la inmortalidad de su voz; aquella voz que con la grandeza de su canto nos dejo la emoción de sabernos hijos de nuestra querida tierra canaria.

Malagueña 

 

Tenderete (solistas: Mena y Dacio)


Pasodoble Islas Canarias (solistas: Dacio y Mena)

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