jueves, 16 de abril de 2015

Un eterno hambriento llamado Carpanta

El diccionario de la Real Academia Española nos lo deja muy claro. Carpanta significa hambre violenta. Y en base a esa palabra, José Escobar, uno de los grandes historietistas de la historia (padre de los famosos Zipi y Zape), creó uno de sus personajes más recordados. Pero ¿Quién era Carpanta?


Carpanta no era más que un hombre que siempre tenía hambre y como tal intentaba buscarse las castañas del fuego para conseguir llevarse algo a la boca (generalmente un pollo asado). En principio, no tenia que ser un personaje humoristico. De hecho, fue creado en una época muy complicada, la posguerra española, en donde se pasaba mucha necesidad y existían las tristemente famosas cartillas de racionamiento. 


Lo risible eran las mil y un triquiñuelas que hacía el personaje para poder acabar comiéndose algo, cosa que, por cierto, rara vez, conseguia a lo largo de la historia. En cierta medida, es un moderno Charlot que vive en la miseria, pero al que, en un principio, eso no sólo no le preocupa, sino que le da igual y que vive en medio de una sociedad que no lo acepta. 


Una sociedad de las historietas y de la vida real porque el propio régimen franquista a punto estuvo de cancelar la serie porque en "la España de Franco no se pasa hambre" (claro, seguro que si). Lo cierto es que Escobar cambio en más de una vez la palabra hambre por apetito, aunque todo el mundo sabía a que se refería. Carpanta llegó a ser tan conocido que tuvo su propia sería con personas reales en Televisión Española. 


Carpanta no es más que fiel reflejo de la clásica picaresca española, en la que un pobre intentaba buscarse la vida de la mejor forma posible y que casi siempre no se salía con la suya. Y en el buscarse la vida de Carpanta no contaba otra cosa que llenarse la boca de comida como sí de un pozo sin fondo se tratara. Ese era el único objetivo de Carpanta, algo que es más de una ocasión le creo más de un serio problema y es que mejor era esconder la comida antes que apareciera porque ésta podía esfumarse al instante.

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