miércoles, 25 de marzo de 2015

Los guerreros de Dios

La conocida orden del Temple no tenía realmente este nombre. Su denominación correcta era la de Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón y fue una orden militar religiosa que tenía la misión de proteger los Santos Lugares, así como de defender a los peregrinos que iban hacía dichas tierras. Resulta paradojico mezclar religion con guerra, pero en la época en la que el Cristianismo y el Islám se disputaban la pertenencia de territorios aún hoy en conflicto, era muy habitual. Más de una vez los Cristianos perdieron y ganaron Jerusalén en una época histórica que sería conocida como la de las Cruzadas. 


La Orden de los Templarios tenía los mismos votos de un sacerdote: pobreza, castidad y obediencia, debiendole dicha obediencia al Gran Maestre en una ceremonia de iniciación de la que mucho se ha hablado y poco se sabe.


Fue aprobada oficialmente por la Iglesia Católica en 1129, durante el Concilio de Troyes, celebrado en la Catedral de dicha ciudad. La Orden del Temple creció rápidamente en tamaño y poder. Los caballeros templarios empleaban como distintivo un manto blanco con una cruz paté roja dibujada en él. Su símbolo era el de dos caballeros templarios montados en un único caballo, símbolo de su pobreza.

Símbolo de los Templarios

Militarmente, sus miembros se encontraban entre las unidades mejor entrenadas de las Cruzadas. Los miembros no combatientes de la orden gestionaron una compleja estructura económica dentro del mundo cristiano, algo que les género muchos clientes y demasiados enemigos dentro de la propia Iglesia y de las diferentes Monarquías existentes. De hecho, crearon, nuevas técnicas financieras que constituyen una forma primitiva de los bancos actuales.


La orden tuvo diferentes variantes por el mundo, edificando una serie de fortificaciones por todo el mar Mediterráneo y Tierra Santa. El que se luchara contra el musulmán por parte de los Reinos Hispánicos, posibilitó la creación de ordenes derivadas de las del Temple. Incluso, se hablá de que muchos templarios, combatientes en Tierra Santa, escaparon a la Península Ibérica, tras la disolución de la Orden. 

Jacques de Molay, último Gran Maestre

Mucho se ha hablado de ellos (sobre todo en los últimos años) y no llegó a dos siglos de vida, puesto que el Rey de Francia Felipe IV quería quitarse a la Orden de en medio por lo que dejo entrever supuestas practicas horrendas por parte del Temple, sobre todo en sus ceremonias de iniciación. Por otra parte, la pérdida de Tierra Santa derivó en la desaparición de los apoyos de la orden.


Es por eso que el Rey Francés con la colaboración de Papa Clemente V, que temía el gran poder alcanzado por la orden dentro de la Iglesia, capturaron y prendieron a todos los miembros de la orden, incluido a su Gran Maestre Jacques de Molay. Todos los templarios confesaron sus aberraciones que incluian la sodomia y la blasfemia de haber pisado la cruz y haber adorado al mismo diablo. Lo cierto es que todos confesaron, pero bajo tortura.


Una de las historias que quedaron para la leyenda mitificadora de la Orden del Temple fue la que habla de la supuesta maldición de de Molay, el Gran Maestre, cuando estaba siendo quemado: 
"Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir." "Clemente, y tú también Felipe, traidores a la palabra dada, ¡os emplazo a los dos ante el Tribunal de Dios!... A ti, Clemente, antes de cuarenta días, y a ti, Felipe, dentro de este año..."
Fueran o no ciertas la pronunciación de tales palabras, lo cierto es que tanto el Papa como el Rey francés murieron en dicho plazo. Una de las diversas leyendas en torno a una Orden de la que se ha dicho que poseía un tesoro increíble, que incluía objetos de poder tan grandes como el Santo Grial. 

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