viernes, 27 de marzo de 2015

El extraño caso del Mary Celeste

Este fue uno de los casos más paradigmáticos de la historia de la navegación marítima y que a día de hoy sigue sin esclarecerse, aún habiendo pasado más de 100 años. 


El 5 de Diciembre de 1872, hacia las tres de la tarde, la tripulación del Dei Gratia, un barco que seguía la ruta Nueva York-Gibraltar, avistó un bergantín cerca de las Azores. Esta embarcación era conocida. Era ni más ni menos que el Mary Celeste. Con dicha embarcación se había perdido toda comunicación desde hace varios días. 
El Mary Celeste ya había nacido con cierto embrujo en torno a su figura. El bergantín fue construido en 1861 y bautizado con el nombre de "Amazon" en la Isla Spencer en Nueva Escocia, Canadá. La mala suerte se cebo con él desde el primer momento. Su primer capitán no alcanzó a dirigir el barco, ya que murió ahogado e igualmente el segundo durante el viaje inaugural. No obstante, en los años siguientes no hubieron sobresaltos con sus dueños hasta que en 1867 quedó varado en tierra firme debido a una tormenta, en la bahía de Glace, Nueva Escocia. Fue rescatado y vendido a un estadounidense, quien realizó modificaciones importantes y lo rebautizó como "Mary Celeste" en 1869. 
Su último viaje sería el 5 de Noviembre de 1872 y al mando estaba el Capitán Benjamín S. Briggs. La tripulación consistía en siete hombres, además de la mujer y la hija de dos años del Capitán. Transportaban 1.701 barriles de alcohol industrial desde Nueva York, los Estados Unidos, a Génova, Italia.

Benjamín S. Briggs, Capitán del Mary Celeste

El Capitán del Dei Gratia, David Reed Morehouse, se sorprendió de tal hallazgo, y se apresuro a decir a su tripulación que unieran las dos embarcaciones, puesto que conocía a Briggs y quería saber lo que había sucedido para que se perdiera toda comunicación. Cuando no vio a nadie en la cubierta, se temió lo peor. El Capitán mandó a algunos de sus hombres al Mary Celeste, para registrarlo. Al llegar al barco, no encontraron a ninguno de los tripulantes ni a la familia Briggs. La ropa de unos y otros estaba ordenada en sus respectivos cajones como sí nada hubiera sucedido. No encontraron el bote salvavidas, el sextante, el cronómetro y la bitácora.


El diario de navegación se encontraba en el cuarto del Capitán. La última anotación era del  24 de Noviembre, pero no señalaba nada relevante. Según el diario, el tiempo había estado revuelto, pero ninguna otra circunstancia de gravedad. ¿Qué había pasado?
Llevaron el bergantín a Gibraltar para proceder a la investigación y se llego a interrogar al Capitán del Dei Gratia porque se especuló que podía haberse puesto de acuerdo con Briggs para simular su desaparición y obtener algún beneficio de las aseguradoras.


Lo cierto es que se dio por valida la idea de que unos gases tóxicos del barco habían hecho que la tripulación huyera. Se hablo de un motín y que tanto el Capitán como su familia habían sido asesinados. La más llamativa (por fantasiosa) es la que habla de ataques de monstruos marinos como el Kraken.


Aún sin saberse lo que sucedió, esta historia motivo la aparición de múltiples publicaciones más o menos fantasiosas que hablaban del propio Mary Celeste o los que se denominaron barcos fantasmas, condenados a vagar eternamente por una maldición. No era la primera vez que se hablaba del tema, pero la verdad es que el caso del Mary Celeste destapo la intriga ancestral por estas historias.

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