sábado, 13 de diciembre de 2014

Y se llama Platero

Ayer cumplió 100 años un burrito que es suave, peludo y tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Ustedes dirán: ¿No hubiera sido lógico que publicara esta entrada el día anterior? Quizá tengan razón, pero es que necesitaba adentrarme una vez más en esas páginas. Las mismas en las que don Juan Ramón Jiménez nos hablo de ese burrito tan tierno.


Siempre se dijo que éste era un cuento para niños, que tan sólo los infantes podían leer. La relación entre un hombre y su burro. Se equivocaban. Su propio autor nos lo relata en su celebre prologuillo: "Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se le ocurren". Don Juan Ramón tenía razón.


Y es por ese que ese burrito forma parte de nuestra historia. De nuestra literatura. Muchos años después, Jiménez recibía el Premio Nobel de Literatura. Quiero pensar, al igual que muchos, que le debía mucho a ese pequeño burrito, que tanto nos despertó a muchos, aficionándonos a la lectura. Creo que el propio Jiménez, ya enfermo, cuya esposa acababa de fallecer y que sabía le quedaba muy poco en este mundo, no podía hacer más que dedicarle este gran Premio a este burrito al que su dueño quería más que su propia vida:
"Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero?, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal"

1 comentario:

  1. Tengo el libro desde niña, lo he leído un par de veces, aunque de la ultima ya hace mucho tiempo, tendré que volver ha hacerlo,y envolverme en la ternura que despierta este burrito encantador. Saludos.

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