viernes, 10 de octubre de 2014

¡Qué pena!

Lo acontecido ayer en el partido de España contra Eslovaquía no fue tanto un fracaso y si una decepción. Decepción por ver a unos jugadores, que sí bien es verdad tiraron más que su rival (¡faltaria menos!), a veces estaban más pendientes de dar un pase de dos metros, que uno en profundidad ante el desmarque de un compañero. Una selección que sí jugara al balonmano le pitarían pasivo porque es verdaderamente desesperante que un equipo con un 70% de posesión de balón sólo anote un gol y en fuera de juego.


Mucho se hablará de que sí Casillas o Diego Costa no deben ir al combinado nacional, pero es que los que los acompañan no están nada bien, comenzando por Del Bosque, que a pasado de provocarme un enfado brutal por el esperpento mundialista a la pena más absoluta.
Pero ni siquiera el problema esta en Del Bosque. Esta en el tipo que lleva manejando los hilos de la Federación Española durante más de 25 años y unos periodistas, que no paran de hacerle la pelota a un Seleccionador Nacional, cuyo crédito decrece no sólo entre aficionados, sino entre unos jugadores, que tampoco están a la altura.
Den por hecho que Villar no va  ha echar a Del Bosque. Del Bosque se va a tener que ir, al igual que hizo Clemente con la derrota ante Chipre. Porque Villar, que no destaca por desapego al vil metal, no va a soltar un sólo céntimo porque resulta que renovó a Del Bosque antes de que empezara el Mundial. Por otro lado, algunos grupillos de periodistas le hacen la pelota a Del Bosque no porque éste tenga un gran carácter, sino porque en el fondo Del Bosque llego a creerse las mentiras que dijeron cuando su marcha del Real Madrid como dando a entender que por haber ganado una Liga, merecía la renovación. Y como Florentino no lo renovó, le empezaron a dar al Real Madrid. Tampoco podemos olvidar los auténticos batacazos que le daban los mismos periodistas que hoy le alaban cuando era entrenador del equipo blanco. 
Un consejo a Del Bosque: en la victoria; quedese, pero en la derrota, vayase con dignidad. Hay tanto honor en una persona que llega a los más alto como en aquella que se va en la derrota no ya sólo para no hacer daño a los demás, sino para sí mismo.

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