domingo, 21 de septiembre de 2014

El hombre que podía volar

Que Cristiano Ronaldo es el mejor cabeceador del momento es indiscutible. Y tiene mucho merito, teniendo en cuenta que en sus inicios era meramente un jugador de banda derecha. En la actualidad es el delantero total. Sin embargo, en el plano de los grandes goleadores con la testa, hubo uno quizá más grande que el extraordinario jugador portugués. 


Ese grande de la cabeza, parecía que volaba literalmente por los aires cada vez que un balón llegaba al área rival. Ese hombre era Carlos Alonso, cuyo apodo, con el que pasaría a la posteridad balompedica, es el nombre de su lugar de procedencia: Santillana.
Este grande del área, como todos los cabeceadores, era un rara avis ¿Por qué jugar con la cabeza cuando al fútbol se juega con los pies? se preguntaban muchos que lo veían jugar y que lo rechazaron por ser un "tronco con los pies". Y es verdad que no era un dechado de virtudes con los pies, pero es que ese remate, esa manera de meter la cabeza era única. 


Santillana llegó al Real Madrid en 1971, un año después de que otro cántabro ilustre como Paco Gento se retirara. El que estuviera practicamente veinte años al máximo nivel le permitió jugar con jugadores de épocas tan dispares como Camacho, Maceda, "Quini", "Pirri" o  su mejor socio dentro y fuera del campo "Juanito". 


Con el paso del tiempo, Santillana mejoraría con el pie, aunque siempre era garantía de gol con ese característico remate de cabeza, que hizo trizas a muchos equipos, especialmente al Inter de Milan, que perdió dos años seguidos en la Copa de la UEFA. Llegó a ser tanta la obsesión interista por Santillana que su propio entrenador se consolaba diciendo que cuando se retirara el jugador cántabro podrían por fin eliminar al Real Madrid. 


En los 80,.perdió parte de su gol, pero nunca los galones, y es que Santillana era mucho Santillana. En los últimos años deportivos de su vida, estuvo en el 12-1 a Malta, metiendo cuatro goles. Esos años vería como desde la cantera blanca salían un grupo de chavales. Una maravillosa generación conocida como "La Quinta del Buitre". 


Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido desde su retirada, todavía se recuerdan aquellos maravillosos golazos de cabeza. Aquellos que levantaban a miles de espectadores cada partido y que muchos ya se imaginaban cuando llegaba el centro al área.

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