jueves, 21 de agosto de 2014

Estévanez; la persona detrás del político

En primer lugar, para conocer un poco la figura de este político canario siempre hay que buscar las raíces históricas y sociales de su propia época. Estamos en una época en la que España vivía una profunda crisis, en la que la Monarquía no daba soluciones y el país vivía en guerras y golpes de Estado constantes.


En medio de ese ambiente nació Nicolás Estévanez Murphy, que aunque nació en Las Palmas de la Gran Canaria, su residencia habitual ya desde su infancia fue la Isla de Tenerife y más concretamente el barrio de Gracia. 
Estévanez. antes que político, fue militar. De hecho, estando destinado en Cuba como Capitán, en situación de remplazo, se enteró que la sentencia contra ocho estudiantes que habían sido condenados en consejo de guerra. Estévanez se indignó hasta tal punto, que dejo el ejército. Aún hoy se recuerda la valiente actitud por parte de un hombre con el que se podría estar de acuerdo en desacuerdo, pero que defendía sus principios a riesgo de su propia vida.


Estévanez fue destacado político durante el Sexenio Democrático, llegando a ser parte activa durante la malograda y catastrófica Primera República. Para colmo, pertenecía a la facción más radical del Partido Republicano Federal, que defendía la violencia para alcanzar el federalismo. Estévanez fue el primero en pedir la autonómica para Canarias y Cuba, aparte de que llego a visitar a Secundino Delgado a la cárcel.

"Mi Patria es de un almendro"

Sin embargo, no sólo destaco por su labor dentro de la sociedad de entonces, sino por la cultural. Estévanez fue un destacado poeta, llegando a ser reconocido por la gente de su tierra. Muchos atisban un fuerte sentimiento canario.
Este año se cumplen cien años de su muerte. Ésta tuvo lugar en París. Solo y olvidado veía como el mundo entraba en conflicto. Unos países se defendían de otros. Se había iniciado la Primera Guerra Mundial. En medio de esa soledad, puede que estuviera recordando aquel maravilloso poema salido de su puño y letra:

La patria es una peña,
la patria es una roca,
la patria es una fuente,
la patria es una senda y una choza.

Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.

A veces por el mundo
con mi dolor a solas
recuerdo de mi patria
las rosadas, espléndidas auroras.

A veces con delicia
mi corazón evoca,
mi almendro de la infancia,
de mi patria las peñas y las rocas.

Y olvido muchas veces
del mundo las zozobras,
pensando de las islas
en los montes, las playas y las olas.

A mí no me entusiasman
ridículas utópias,
ni hazañas infecundas
de la razón afrenta, y de la Historia.

Ni en los Estados pienso
que duran breves horas,
cual duran en la vida
de los mortales las mezquinas obras.

A mí no me conmueven
inútiles memorias,
de pueblos que pasaron
en épocas sangrientas y remotas.

La sangre de mis venas,
a mí no se me importa
que venga del Egipto
o de la razas célticas y godas.

Mi espíritu es isleño
como las patrias rocas,
y vivirá cual ellas
hasta que el mar inunde aquellas costas.

La patria es una fuente,
la patria es una roca,
la patria es una cumbre,
la patria es una senda y una choza.

La patria es el espíritu,
la patria es la memoria,
la patria es una cuna,
la patria es una ermita y una fosa.

Mi espíritu es isleño
como las patrias costas,
donde la mar se estrella
en espumas rompiéndose y en notas.

Mi patria es una isla,
mi patria es una roca,
mi espíritu es isleño
como los riscos donde vi la aurora.

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