domingo, 25 de mayo de 2014

Aquellas noches mágicas

Decía Boskov, entrenador de fútbol recientemente fallecido, que hasta el rabo todo es toro. Y, aunque parece una perogrullada, es verdad. En un segundo, la vida puede dar un vuelco. Y en el deporte también. Ese vuelco llego cuando una milagrosa cabeza hizo saltar de jubilo a unos y llorar desesperadamente a otros. El fútbol tiene esas cosas. Nada nuevo. 


Desde el gol de Hector Rial hasta ese cabezazo de Sergio Ramos han pasado casí 60 años y, sin embargo, el sentimiento madridista sigue estando tan presente como cuando Di Stéfano o Butrageño corrían por el cesped. 
Un equipo que no se rinde hasta el último minuto. Cualquier otro a esas alturas estaría desesperado lanzando centros al área sin ton ni son. No así el Real Madrid y los rojiblancos lo sabían. El cabezazo milagroso refrenda hasta que punto el deporte es una batalla entre los sentimientos alegres y tristes. Al Atlético le paso lo de aquella aciaga noche contra el Bayern de Munich en la prorroga con una diferencia: el Real Madrid ya había hecho todo lo posible para anotar algún gol. Pero el balón no quiso entrar hasta el 93 haciendo que pareciera cruel como aquello que se dice de tanto nadar para morir en la orilla.


Volvía la magia madridista a conquistar Europa. Un equipo que llevaba doce años sin jugar una final y que, por fin, dio un manotazo en la mesa (o dos) para decir que seguía siendo el Rey. Han pasado muchos años desde aquella final de París en el 56, que curiosamente también tuvo que remontar con un gol del empate del defensa "Marquitos", pero la alegría sigue siendo la misma. La alegría de un equipo que maravillo al mundo con aquel 7-3 al Eintracht de Frankfurt, que ganó una final con once españoles o levanto la Copa después de 32 años (¡Qué grande Mijatovic!) pasando por las remontadas milagrosas con la Quinta del Buitre. Y es que no hay nada como aquellas noches mágicas. Ayer fue una de ellas.
PD: mi felicitación al Atlético de Madrid por ser un digno subcampeón. Mención aparte las dos aficiones. Un ejemplo de comportamiento durante todo el día ¿por qué no será así siempre?

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