jueves, 17 de abril de 2014

En el parque García Sanabria

Hoy bien por la mañana, después de hacer obligaciones ineludibles, me decidí a dar un paseo por la ciudad que me vio nacer: Santa Cruz de Tenerife. De mis lugares preferidos de este antaño gran ciudad (hasta que algunos acabaron con ella) era y es, a pesar de todo, el parque García Sanabria.


Ubicado en el centro de la ciudad, el parque fue construido en 1926 en una época en la que España vivía una Monarquía que amparaba una dictadura, la ejercida por Miguel Primo de Rivera. La idea era dotar a la ciudad de una zona ajardinada única y, siendo la idea de muchos, entre ellos la del médico Diego Guigou y Costa, fundador del hospitalito, el que la llevaría a cabo sería Don Santiago García Sanabria, Alcalde de Santa Cruz que, al final, daría su nombre al parque.
Durante el parque podemos ver diversas esculturas, además de una zona ajardinada que, para nuestra desgracia, ni lmuchos ciudadanos de Santa Cruz respetan, ni la corporación municipal mantiene. Es una pena que no se respeten las tradiciones y el parque era una de las zonas convergentes de toda la ciudad, capaz de unir la rambla con el centro.
Pero sí algo da rabia del aparente abandono y suciedad de esta zona emblemática de la ciudad es el total desmantelamiento del celebre reloj de flores. Éste fabricado en Suiza, se encuentra, o se encontraba, ubicado en una de sus entradas, la que da a la calle del Pilar, siendo un punto de encuentro tanto para los chicharreros como para los visitantes de la ciudad. Pues a ese maravilloso reloj le han quitado las manecillas, dejando de ser un reloj para convertirse en una zona donde sólo hay flores. 

El reloj de flores cuando funcionaba

Por otro lado, la vegetación existente en la zona destaca no ya por su evidente abandono, sino por encontrarse pisoteada. El parque que antaño fue esplendor de una ciudad actualmente encerrada y sucia, se encuentra en un estado deplorable. Para colmo, tengo que ver como en una de las entradas, vemos la estatua de la cabeza de un bebe que a un "iluminado" se le ocurrió y, por supuesto, los que han acabado con la grandeza de Santa Cruz, permitieron que fuera colocada. 

Sin palabras

Y así como me vine, me fui a los diez minutos viendo como un parque, ese parque proyectado por tantos otros para el ocio y disfrute de la ciudad, además de realzar el embellecimiento de la misma, esta dejado de la mano de Dios, tanto por sus ciudadanos como por los que componen el ayuntamiento. Un parque que merece un respeto y que es fiel reflejo de la decadencia de una capital oscura y melancólica.

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