lunes, 5 de agosto de 2013

¡A mi el pelotón, Sabino, que los arroyo!

España se jugaba ese día su ser o no ser en los Juegos Olímpicos de Amberes de 1920, en su debut como combinado, para tener opciones de medalla. Su rival era uno de los más fuertes del torneo: Suecia.

 
El partido comenzó con una lucha de poder a poder, dejando entrever lo que se jugaban ambos contendientes. Pero el que comenzó dando fue Suecia con un gol de Dahl en el 28, algo que no pudo evitar el extraordinario Zamora. 

Paco Bru, primer preparador de España

A pesar de los intentos hispanos, el encuentro llegó al descanso con el resultado de 0 a 1. El inicio era un querer y no poder de los españoles, que, a pesar, de ello demostraban su característica garra. En el minuto 51, España tiene que botar una falta cercana al área. Sabino era el encargado de lanzar. En ese momento, oyó un vozarron a su espalda. Era el indomable Belauste, que le gritaba "¡A mi el pelotón, Sabino, que los arroyo!". Y sería Belauste el que botaría la falta llevándose a todos los contrarios literalmente por delante, anotando el primero y, por lo tanto, el momentáneo empate.

Belauste

La alegría hispana fue tremenda, pero ahí no acabo la cosa. Dos minutos después, aprovechando el desconcierto sueco, Gómez-Acedo anotaba el segundo. Se podría haber anotado el tercero, pero se tuvo que sufrir hasta el final. De hecho, en el minuto 87 el arbitro pitó penalti a favor de los nórdicos. Entonces llego el gran Pepe Samitier, que era tan bueno como marrullero, y se cruzó por dos veces delante del delantero sueco cuando este tomaba carrerilla para lanzarlo, supuestamente para decirle algo al árbitro. Cuando éste le hizo entender que la próxima vez que se moviese sería expulsado, se dedicó a lanzar piedrecitas y pedazos de barro al balón. El resultado fue que lo lanzo fuera y con esta última ocasión llegó el final del partido, certificando la posibilidad de luchar por las medallas cuando todo parecía perdido. Esto se conseguiría unos días después, ganando por 1-3 a los Países Bajos, ganando la medalla de plata.

Zamarra de la Selección en Ámberes (con el león como emblema)

Pero nada como aquel día en que España ganó a Suecia con ese vozarron de Belauste a Sabino que dio paso a lo que sería conocido en el mundo del fútbol como la Furia Española, que llevaría al combinado nacional a su primer gran éxito, para más inri, en su debut.

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