lunes, 15 de julio de 2013

No diga ciclismo, diga Indurain

Hace muchos años, mi ídolo no estaba en el fútbol, ni siquiera en el baloncesto. Mi ídolo de la infancia era un chico navarro que nos hacía vibrar a todos cada vez daban el ciclismo por la televisión. Ese era Miguel Indurarin. Estamos hablando de una época en la que España apenas conseguía títulos internaciones a nivel individual y en el ciclismo mucho menos. Hasta que llego Indurarin sólo se habían ganado tres tour por parte de españoles: Federico Marín Bahamontes (1959, fabuloso "el águila de Toledo"), el desaparecido Luis Ocaña (1973) y Perico Delgado (que sería compañero de Indurain).

 
En aquellos años, Banesto estaba de moda gracias a la aparición fulgurante de Mario Conde como Presidente y máximo accionista de la compañía, pero yo que, no era más que un niño (y por lo tanto no tenía idea de finanzas o política), para mi Banesto era Indurain. En el Tour deslumbro a propios y extraños. Aún recuerdo sus portentosas llegadas a metas y aquella sonrisa triunfante que garantizaba que ese astro de la bicicleta ganaría nuevamente. Y así fue. Hasta cinco veces seguidas (1991, 1992, 1993, 1994, 1995) ganó un Miguel que parecía invencible. 


Pero no sólo de Tours vive el hombre. También ganó dos Giros (1992, 1993) y varías medallas olímpicas. Indurain llevo al deporte español a lo más alto, en una época en la que por fin ser español no era significado de decepción en las grandes citas, ganandose muchas medallas en los sucesivos Juegos Olímpicos.Indurain simbolizaba el espíritu luchador de un país que nunca se rinde y que demostró que en los momentos importantes estaba allí. 

 
Hace muchos años que se retiro, pero en la memoria colectiva de tantos que lo vimos, sigue corriendo por esas carreteras francesas y siendo premiado en una ciudad tan mítica como París porque los grandes de cualquier ámbito perduran. E Indurain fue muy GRANDE.

Tributo a Indurain

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