jueves, 25 de julio de 2013

Los Hijos del Trueno

Aquella mañana que salieron a faenar, los hermanos Santiago y Juan no podían pensar que una sola palabra cambiaría su vida para siempre: "Seguidme" les dijo la voz y ellos lo siguieron. Pero no siguieron a una voz cualquiera. Siguieron a la voz del Hijo de Dios. Pero no sólo le seguirán ellos, miles de personas fueron con él, escuchando sus enseñanzas. De entre esas personas, escogió especialmente a doce para predicar la palabra de Dios, entre los que se encontraban tanto Juan como Santiago.

 
A ellos los llamó Hijos del Trueno (boanergués) por su fuerte carácter. Más de una vez pecaron de desconocimiento (Se enfadan porque los samaritanos no los reciben bien: "¿Quieres que digamos que baje fuego del cielo y los mate?") o arrogancia ("envían a su madre a que le pida: “Di la palabra para que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y uno a tu izquierda, en tu reino"), pero el Mesías supo tener la paciencia necesaria para que ellos vieran la luz.
La muerte les desanimo como a todos, pero su resurrección les dio renovada fuerza para seguir adelante. De los dos hermanos hay datos fidedignos, más ambientados en la tradición. De Santiago sabemos que evangelizó por Judea y que según cuentan fue a Hispania, donde ensenaría a sus gentes la palabra de Dios. Sería precisamente allí donde se nos dice que se le apareció la Virgen María en un Pilar (Virgen del Pilar). 

Virgen del Pilar en Zaragoza

Posteriormente, volvería a Judea, donde sufriría persecución. Herodes Agripa I, fuerte perseguidor de los primeros Cristianos daría la orden de ejecución. La tradición nos dice que fue decapitado. Pero ahí no acaba. Sus discípulos cogieron su cuerpo y, según se cuenta, fueron a Hispania donde lo enterrarían junto a su cercenada cabeza. Las tradiciones sobre la evangelización de Santiago duraron mucho tiempo. 

Decapitación de Santiago

Alrededor del año 813, un ermitaño cristiano llamado Paio (Pelayo) le dijo al obispo Teodomiro, de Iria Flavia, que había visto unas luces merodeando sobre un monte deshabitado. Hallaron una tumba donde se encontraba un cuerpo degollado con la cabeza bajo el brazo. Desde ese momento, se aprovecharon las historias que circulaban sobre la posible evangelización de Santiago para afirmar que ese era su cuerpo. Muy pronto, comenzaron a llegar las primeras peregrinaciones en lo que se conoció como Camino de Santiago. Llegó a ser tan transitado que sólo dos sitios sagrados lo superaban en número de personas: Jerusalén y Roma. Además, fue uno de los Santos más requeridos en época de lucha contra los musulmanes, de ahí la advocación de Santiago Matamoros. Santiago es considerado como el Patrón de España.

 
Si de Santiago, hay muchas tradiciones o leyendas en torno a su figura, de su hermano se duda hasta de sus propios escritos. Se le atribuyen el Evangelio que lleva su nombre (el más tardío, dado que tiene historias distintas a los otros y su vocabulario es más avanzado), las cartas y el Apocalipsis, el cual se supone que escribió un tal Juan que estuvo exiliado en la isla de Patmos. Del Evangelio atribuido a él, se deduce que entre los discípulos que más amaba era el propio Juan, aunque nunca se da su nombre, aunque se nos dice que esta junto a la madre del Mesías al pie de la cruz ("Madre aquí tienes a tu hijo; hijo aquí tienes a tu madre"). Sabemos que participo en el Concilio de Jerusalén y no se sabe exactamente dónde, ni cómo murió. Se dice que sus últimos días los pasó en Roma, donde supuestamente fue martirizado, o en Efeso, acompañando a la Virgen. 

San Juan en Patmos

Juan, a pesar de no tener una tradición, como su hermano, de evangelizar España, si que fue un apóstol muy popular en tierras hispanas. Su Apocalipsis era muy leído y su símbolo, el Águila de Patmos, fue utilizada en la Península Ibérica, concretamente por los Reyes Católicos que la añadieron a su escudo de armas. Posteriormente el franquismo, aprovecharía toda esa simbología utilizada por Isabel y Fernando para añadirla a la bandera de España. 

El Águila de Patmos, símbolo de San Juan

Independientemente de si son reales esas tradiciones o no, lo que si podemos dejar claro es los hijos de Zebedeo esa mañana en la que salieron a pescar, cambiarían sus vidas por completo, dejándolo todo y siguiendo a aquella voz que les prometía algo muy valioso: LA VIDA ETERNA.

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