martes, 23 de julio de 2013

El Cid Campeador: el hombre detrás de la leyenda

Tenemos en Rodrigo Díaz de Vivar una de las figuras más excepcionales del medievo en España. Una figura que ha sido utilizada desde el punto de vista político, pero que trasciende de todo eso. No fue Rodrigo Díaz un soldado cualquiera. Ni un cruzado contra el moro infiel como se encargaron de propagar tiempo después para justificar el hecho de que esa época se conociera de forma errónea como Reconquista. Por eso me propongo hablar de la persona, no de la que se nos habla en los poemas como el Cantar del Mio Cid (fantástico por otra parte), de aquél que tanto desde un lado (cristianos) como del otro (islamismo) supo servir su espada.

 
No sabemos con exactitud cuando nació, incluso se ha llegado a poner en tela de juicio si realmente nació en Vivar. Lo que si sabemos es que fue fiel al Rey castellano Sancho ya desde su juventud, cuando el futuro Rey de Castilla sólo era Infante. Dada la confianza que tenía con el Rey, siempre formo parte de su séquito personal, gozando de privilegios que no lo hubiera tenido cualquier soldado. Pero en aquella años se vivía un ambiente más que confuso en Castilla. Sancho estaba en guerra con su hermano Alfonso por la Corona. Rodrigo siempre puso su espada a favor de Sancho de Castilla, el cual, tras ganar la guerra, fue coronado Rey. La cualidades para la batalla de Rodrigo le hicieron ganarse la fama de guerrero aguerrido. De estas batallas fue precisamente donde se ganó el apodo de "Campeador".
Pero la nobleza no veía con buenos ojos la llegada de Sancho al Trono. Y más aún con las concesiones y dispensas que ofrecían a Rodrigo que a pesar de ser un soldado muy valorado, no era bien visto entre las clases pudientes del Reino que lo veían como un intruso. Probablemente de las intrigas palaciegas, Sancho acabaría muriendo envenenado. Cuenta la tradición que el Campeador obligo a Alfonso como Rey de Castilla en Santa Gadea que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano. Muchos historiadores actuales han puesto en duda tal suceso. No era extraño que en aquella época para resaltar las cualidades virtuosas de un personaje al que se quería mostrar como ejemplar, se falseara la realidad hasta el punto de inventarse historias de este tipo. 

Jura de Santa Gadea
 
No obstante, a pesar del cambio de Monarca, la situación de Rodrigo no cambio, siendo soldado de confianza de Alfonso VI. Su matrimonio con Jimena, la cual pertenecia a la nobleza castellana y según se sugiere era sobrina del propio Rey. Es de resaltar que el campeador tuvo un hijo (Diego), María y Cristina (los nombres de Doña Elvira y Doña Sol fueron inventados posteriormente). Los desencuentros con Alfonso llegarían después. Mucho se ha hablado si su ambigüedad respecto al enemigo musulmán fueron causa. Lo más probable es que la nobleza malmetiera contra Rodrigo dado la envidia que muchos sentían dada la valentía del Campeador en todas y cada una de las batallas de las que formo parte y de su incursión dentro de un mundo como el de los nobles, algo que, según ellos, no le pertenecía.
De ahí vino su primer destierro. Por eso el Campeador les ofreció vasallaje a los Conde de Barcelona, pero éstos la rechazaron. No así, los Reyes de Taifas que lo acogieron como uno más y Rodrigo, como muestra de su buena voluntad, les ofreció su espada. Es de destacar que ésto choca frontalmente con la idea que tenemos de Rodrigo como un cruzado. El Campeador, mal que nos pese, fue un soldado y ya esta. Recibía ordenes de aquel al quien le prestaba su servicio en lo que llamaríamos hoy en día un soldado de fortuna.
Fueron muchas las batallas que realizo contra el Condado de Barcelona, haciendo preso a Ramón Berenguer II. Fruto de sus hazañas, se gano el respeto de los musulmanes, los cuales le ofrecieron tierras y tenía todo un séquito de sirvientes. De esa época viene su apelativo de Cid (Sidi, Señor), el cual le daría la inmortalidad en la historia.

 
No sabemos si en esa época en tierra musulmana, se vio acompañado de su mujer e hijos. Lo que si es cierto es que conquisto la ciudad de Zaragoza frente a las huestes de Sancho Ramirez de Aragón. La fierezas de sus tropas en la batalla era de sobra bien conocida, pero si en algo destacaba era por respetar al vencido. 
No sabemos exactamente cuando el Cid se reconcilio con Alfonso. Muchos afirman que fue durante el asedio a Zaragoza. No obstante, con ayuda musulmana conquistaría las tierras de levante, siendo una figura muy poderosa y, quizá, algo peligrosa ya que se había ganado una fama, bien merecida, que pusiera en serios peligro la legitimidad del Rey Castellano frente a sus tropas. Muchas fueron las leyendas, pero afirmar se puede de que el Campeador fue uno de los soldados más aguerridos habidos y por haber durante esos años (y los que siguieron). Pero el Cid fue desterrado cuando sus huestes no fueron a una batalla donde se pretendía liberar una fortaleza. para colmo se le confiscaron todas sus posesiones dado que fue acusado de alta traición.

Tizona, la espada del Cid

Pero no acabaría ahí la cosa. A finales de ese Siglo, conquistaría Valencia la joya de la corona del Mediterráneo y casaría a sus hijas con Nobles. Aunque no todas las noticias para el Campeador fueron buenas. Su hijo moriría en una batalla contra Alfonso que, sin embargo, acabarían ganando sus huestes. El Cid moriría en 1099. Murió el hombre, pero no la leyenda en torno a su figura, la cual sigue creando controversia. Entre ellas, el suceso que nos habla de que cuando murió el Cid, los musulmanes estaban cercando valencia. Entonces, sabiendo del pavor que infundía el Campeador, subieron su cuerpo a su caballo, de buen nombre Babieca, y pusieron al muerto al frente de sus tropas. Fue tanto el miedo que sintieron los musulmanes, al ver a aquel que creían muerto que no tuvieron más que huir sin parar de frotarse los ojos, pensando que estaban ante un ser inmortal que desde el más allá les combatiria por donde fueran.


 
Fuera o no verdad tal leyenda, el Cid trasciende su propia época. Y aunque determinados regímenes (franquismo) lo utilizaran para "crear" la propia historia, tenemos en el Campeador uno de los más grandes representantes de la nobleza en batalla. Una figura que ha perdurado en nuestra historia y para la leyenda.

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