lunes, 24 de junio de 2013

La voz que clama en el desierto

Cuantas veces hablamos o proclamanos la verdad, la alegría, la esperanza en medio de la desigualdad, la desidia, el horror producido por gente que no tiene esperanza de que las cosas cambien a mejor y, para colmo, se las quita a otras. Es como si habláramos en medio de un desierto, sin nadie que nos escuche, en medio de las amenazas de una sociedad que se consume en medio de su inmundicia producida por la corrupción moral de algunos que rigen desde sus cargos de responsabilidad. En medio de se ambiente, hay que hablar del Amor y de la Paz, sentirnos por un momento hermanos. Que el otro ser no sea nuestro enemigo, que aquellos que rigen los destinos de un país o de algún órgano de poder no acabo con los sueños de vivir en armonía.
Hace muchos años, hubo un hombre que proclamó eso y mucho más. En medio del desierto, en medio de las amenazas de los soldados comandados por un déspota títere de un Imperio corrupto como era Roma, Herodes. En medio de todo eso, se alzó en el desierto la voz de un justo. De un justo que proclamaba la grandeza del Amor de Dios.
-Arrepentios -decía -El Reino de Dios esta más cerca de lo que creéis. Llegara el día en que Dios instaurara su Reino en la tierra. Un Reino donde prime el Amor y no la discordia. Donde los justos podrán ejercer el poder que les da el Amor.

 
Eran tan grandes las palabras de Juan que pronto tuvo discípulos, los cuales lo tenían como un Profeta. Un enviado de Dios. Pero dentro del mundo, hay gente malvada, que no quiere oír a aquellos que proclaman el Amor y están dispuestas a echarles en cara todas aquellas faltas que van contra Dios. Fue cuando los soldados, un día, se presentaron el medio del tumulto.
-¿Cómo te atreves a criticar a aquél dispuesto a garantizar la libertad y la seguridad de estos a los que engañas con tus sucias palabras.
Juan le respondió:
-Aquel al que llamáis Rey, nos es más que un corrupto al que ha puesto otro corrupto mayor que es el Emperador de Roma. Herodes no ofrece más libertad que la que da a sus acólitos. Más le valdría a ese adultero que le devolviera la esposa a su hermano. Herodes no representa la Ley porque va contra la Ley más grande. La que esta por encima de su poder. Contra la que el mismo esta yendo, por su inmundicia y depravación. La Ley de Leyes que es la Ley de Dios.
Los soldados, montaron en cólera, pero no lo detuvieron porque los seguidores de Juan eran muchos. Uno de ellos le respondió:
-Maestro, tu que eres el que proclama el Reino de Dios, ¿Eres el Mesías, Enviado de Dios, prometido a nuestros padres?
Juan le dijo:
-Yo os bautizo con agua en nombre del Espíritu de Dios, pero el que viene detrás de mi, os bautizara con fuego y Espíritu Santo. Vosotros me teneís por profeta, enviado de Dios, pero de aquel que viene detrás de mi, no soy digno de calzarle sus sandalias.
A la mañana siguiente, se produjo un milagro. El milagro, esperado por muchos. Juan se encontraba bautizando en el Jordan, cuando dentro de la fila, le toco a un hombre. Nunca nadie había visto una mirada tan limpia. Llena de pureza en su rostro. Hasta el propio Juan se quedo pensativo. De repente, Juan le dijo:
-¿Precisamente tú vienes a que yo te bautice? ¿No sería lo más correcto que fueras tú el que me bautizara a mi?
El hombre le contestó:
-Conviene que tu me bautices a mi. 

 
Entonces Juan le bautizo. El cielo extrañamente se clareo, iluminado todo el contorno. Era una Luz maravillosa. En medio de eso, se oyó una voz Poderosa: 

"Este es mi hijo amado del cual me complazco"

Los que estaban allí, se quedaron maravillados de semejante escena. El hombre se fue ante la atónita mirada de los presentes. Sin dejar de ver como se alejaba el hombre, Juan dijo:
-Ese es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Andrés, uno de sus más fieles seguidores, le pregunto:
-¿Maestro que queréis decir?
Juan le respondió:
-Ese es aquel que instaurara el Reino de Dios, donde reinara el Amor. El Reino que no tendrá fin. Seguidle porque es el camino que lleva al Reino del Amor.
Bueno, a aquel hombre lo siguieron. Aquel hombre proclamo el Reino del Amor de Dios entre los hombres. Aquel hombre era el Mesías esperado por todos, al que Juan, alzando su voz en medio del desierto, había proclamado, había anunciado su venida. Juan murió decapitado por los heraldos de Herodes, pero su muerte no fue en vano porque el fue el primero, el que anuncio la llegada de Dios a los hombres, en medio de la soledad, había dicho: "El Reino de Dios esta cerca" y se había cumplido. El Amor estaba en medio de los hombres. El Amor de Dios.

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