jueves, 27 de junio de 2013

El último hijo de Krypton

Muchas veces ha sido relatada esta historia, algunos elementos nuevos se añadieron en años posteriores, pero su esencialidad esta reflejada en estas líneas.
Parecía que el planeta tocaba a su fin. Jor-El lo había predicho muchos meses antes, siendo ignorado por Jefes Supremos del planeta. Mediante las comprobaciones pertinentes y tras horadas la corteza de Krypton, había comprobado que el núcleo se había vuelto inestable. Una cosa estaba clara: Krypton estallaría en mil pedazos sin que sus habitantes pudieran hacer nada para impedirlo. Por eso había estado explorando otros planetas con la necesidad de trasladas a la población y formar una nueva civilización donde los krytonianos pudieran vivir.
El Consejo de Krypton había sido tajante: "Nadie saldría del planeta sin su autorización. Todo aquél que ayudara a Jor-El a salir del planeta sería encarcelado, junto al científico y su familia". El planeta esta sentenciado, repetía una y otra vez Jor-El, pero el Consejo fue tajante en sus ordenes. Unas ordenes que estaban llevando a la muerte a toda una población. 

 
Jor-El entró muy enfadado en el laboratorio. "Esos idiotas con sus decisiones han condenado a muerte a todos nosotros, pero no a mi hijo ¡A mi hijo, no!". 
Durante esos días, Jor-El construyó una nave e investigo, por su cuenta claro esta, el planeta más adecuado para la supervivencia de su vastago. Al final dió con el planeta adecuado: la Tierra. Sus habitantes morfologicamente eran muy parecidos a los kryptonianos, aparte de que el sol terrestre le proporcionaría a sus hijos una serie de habilidades que lo harían invencible.
Lara, su esposa no veía con agrado el enviar a su hijo a la tierra: "Son primitivos. Lo marginaran por sus extraordinarios poderes. ¿Acaso sobrevivira a un viaje tan largo?" Le decía a su esposo. Es la única manera de que sobreviva. 

 
El último día de Kypron comenzó con unos ligeros temblores que se convirtió en un terremoto tal que destrozo los diferentes edificios del planeta. Jor-El, por fin, metió a su hijo en la cápsula. Lara le dió el último beso a su hijo. Al hijo que no volvería a ver. La cápsula rompió el cristal del laboratorio tomando su rumbo con un único destino: la Tierra. Era el fin de Krypton, pero uno de sus habitantes más jóvenes había sobrevivido a la inmensa explosión: Kal, hijo de Jor-El, el cual con el tiempo se convirtió en uno de los defensores del planeta que lo acogió como a uno de los suyos: Superman, el hombre del mañana, es el último hijo de Krypton.

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